miércoles, 7 de octubre de 2015

Capítulo 9 ¿Qué secreto guarda aquel pueblo con tanta delicadeza?



Capítulo 9 “Prisioneros de la verdad”
En ese momento, en ese mismo instante comprendí porque Lucas no me lo había contado todo. Entendí la incomodidad de sus padres al verme. Mi abuelo, su furgoneta… Eché una carrera hacia casa, dejando atrás a mi abuelo, que había estado toda la tarde buscándome con aquella furgoneta, esa furgoneta que supuso el principio del fin de la vida de mi gran amigo. Porque tan solo somos eso, prisioneros de una verdad, la verdad más inmersa del mundo, que por desgracia acaba con las ilusiones y las vidas de muchos. Somos prisioneros de la muerte. Y solo somos libres cuando atravesamos sus barreras.
Abrí la puerta de casa, mi abuelo había preparado una fabada, la cual acabó en el suelo junto con todo el mantel y lo que este tenía encima. Mi rabia, mi frustración… No podía ser posible… Ni en mis peores pesadillas hubiera imaginado que la culpa de que mi amigo Lucas estuviera de esa manera, de ese modo… fuera de mi abuelo. En cuanto oí llamar a la puerta, subí las escaleras y me encerré en mi cuarto. Mi abuelo, que pecaba de inteligente, en cuanto cruzara la puerta averiguaría enseguida el porqué de mi cabreo, de mi enfado… Mis sospechas no tardaron en recoger sus frutos.
-Axel, ábreme la puerta por favor. Te juro que te lo voy a explicar todo.
Me negué a contestar.
-Ya eres bastante mozo para comprender las cosas y creo que te debe una explicación.
La ira y el nerviosismo acabaron con mi paciencia. Y acabé contestándole, sin saber que lo que vendría sería aún más increíble.
-¿Qué me vas a contar que no sepa? ¿Qué por tu culpa mi amigo está en su casa, con las pocas fuerzas que le quedan, sin apenas poder hablar? ¿Qué has destrozado la vida de unos padres que tenían lo que siempre habían deseado? ¿QUÉ HAS ACABADO CON LA VIDA DE UN SER HUMANO?
-Axel, te lo ruego, ábreme la puerta y te explicaré todo con detalle. Y evita hablarme de esa manera, que te están perdiendo las formas.
-¿Y que más me da a mí lo que tú me digas? Por mucho que me cuentes, no vas a cambiar ni el destino de mi amigo, ni el de sus padres ni tampoco el mío.
-Tienes razón mozo, pero algún día comprenderás que aquella familia nos debe demasiado.
-¿Cómo que nos debe demasiado? ¡En todo caso sería al contrario!
-No lo vas a entender nunca Axel.
-¿Qué no voy a entender el qué? ¿Qué eres el asesino de mi amigo?
-¡Axel por dios, no me digas eso!
Mi abuelo se echó a llorar, sus lamentos penetraron en lo más profundo de mi pecho y abrí la puerta. Abalanzándome sobre su espalda, le abracé. Quizás había sido muy injusto con él.
-Lo siento abuelo, no quería decir eso. Sé que tú no fuiste consciente de lo ocurrido.
-Aquel día querido Axel, había nevado muchísimo. Venía de vuelta del cumpleaños de la tía Marta, la de Aguijante. Cuando al regresar, perdí el control del coche. Ese dichoso aparato resbaló en la nieva, apenas pude controlarle la niebla lo cubría todo. No vi a tu amigo. De repente oí un golpe. La furgoneta se detuvo. Bajé a ver que había ocurrido y me encontré a tu amigo en el suelo, inconsciente. Sin pensármelo dos veces, le subí a la furgoneta y le llevé hasta el hospital. Allí los médicos no me dieron esperanza alguna de que aquella criatura saliera con vida, había sufrido un fuerte golpe en el corazón. Fue mi rapidez la que hizo que aquel niño pudiera ser atendido lo mejor posible y volviera a ver a sus padres. Axel, Lucas es adoptado, pero no le podían haber tocado padres mejores. Cuando volví para el pueblo, fui a comunicarles lo ocurrido. Me entendieron a la perfección y me perdonaron algo que para mí sería imperdonable. Sé que disimulan que mi mera presencia les moleste, pero yo no tuve la culpa. Fue un accidente.
Ambos nos fundimos en un abrazo, que limaba las asperezas entre los dos.
-Axel hay algo que nunca te he contado y que ya va siendo hora de que lo sepas y de que lo sepáis.
- No te entiendo abuelo, ¿qué quieres decir con eso?
-La madre adoptiva de Lucas no podía quedarse en cinta, numerosos problemas se lo impedían pero ella quería lograr tener un hijo fuese como fuese. El mejor camino hubiera sido adoptar pero aquello les llevaba mucho tiempo y mucho dinero. Así que abandonaron aquella opción.
Aquello me estaba pareciendo un cuento chino. No entendía nada de lo que mi abuelo que quería decir. Me traicionó la paciencia pues enseguida mi abuelo soltó aquello que cambiaría el rumbo de la historia.
-Axel paso algo inesperado, algo tan excéntrico. Cuentan las leyendas que cada pueblo tiene su secreto, todos nosotros. Los de este pueblo guardamos un secreto que si te enteraras, no te lo podrías ni creer.
-Jobar abuelo, no me dejes  con la intriga.
-Está bien Axel, te lo voy a contar todo tal y cómo sucedió.

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