Lucas decide abrirse ante su gran amigo Axel, contandole toda la verdad e lo que le sucede. Aquello cambiará por completo las expectativas del protagonista.
¿Qué es lo que en realidad le pasa a Lucas?
¿Será posible llevar a cabo los planes que tienen para hacer de aquel verano, un verano INOLVIDABLE?
¿Cuánto tiempo le queda a Lucas?
Os voy a dar una pista.
¡¡AXEL TIENE PENSADO ALGO QUE CAMBIARÁ EL RUMBO DE LA HISTORIA!!
No te lo puedes perder. CAPÍTULO 8 Y 9... Proximamente.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
CAPÍTULO 7. ¿Qué le pasa en realidad a Lucas?¿Por qué tanto misterio?
CAPÍTULO 7
“Recuerdos de agua ”
En menos que canta un gallo, llegamos a la casa de Úrsula.
Nos costó la vida convencerla para que saliera y hablara con nosotros. Su
abuela insistió por activa y por pasiva, pero fue incapaz de convencerle. Ella
nos invitó a pasar. Era una señora muy alegre, siempre nos invitaba a una dulce
limonada que preparaba con todo el amor del mundo y que sabía que daba gloria. Ese
día no fue menos.
-Corazones, sentaros a la mesa. Enseguida os voy a preparar
una limonada. Como siempre. Y ya veréis como a Úrsula se la pasa el berrinche
que tiene. Pero imagino que vosotros os sentiréis igual. Es una pena lo de
Lucas…
Nadie se pronunció al respecto de las palabras de aquella
señora. Ella se retiró del salón y mientras preparaba la limonada, nosotros
empezamos a escribir en una libreta algunos de los planes que ya teníamos. Mi mente desconecto de aquel lugar, deje
aquel trabajo a mis amigas. Empecé a pensar, a recordar cada uno de los
momentos compartidos con ellos. Traspasé aquella frontera que muy pocos logran,
la barrera que separa los sueños con la realidad. Me asusté al recordar lo que
estaba viendo. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, noté como la piel
empezaba a erizarse y el vello de los brazos, inevitablemente, se levantaba.
Allí estaba mi abuelo, tratando de mandarme una señal. Él tenía la respuesta a
la duda que me perseguía, no lograba averiguar que me quería decir tras aquel
juego de gestos. Cuando parecía que lo tenía, cuando había encontrado la
solución aquel mensaje vestido de sueño; Sandra me susurró al oído que cual era mi propuesta. Volví de nuevo a
la realidad, asustado, muy asustado. Me levanté de la silla, me disculpe y salí
apresuradamente hacia la casa de Lucas. Debía ir a verle, pero yo solo. Aquel
pensamiento me dejo completamente bloqueado y la intuición me decía que tenía
que ver con Lucas.
Parecía que Úrsula había por fin aceptado poner en marcha
nuestra “misión”, pronto nos reuniríamos todos en casa de él. De aquella
persona tan inocente a la que el destino la había sorprendido de la peor
manera. Antes de partir, les comunique a las chicas que a las 10 de la noche
nos encontraríamos en la esquina de la casa abandonada, todos juntos, En ese
momento comenzaría lo que andábamos buscando, un verano invencible. El verano
invencible de todos los inviernos.
Llegué a la casa de Lucas, su madre me recibió con una
sonrisa que parecía que nada había pasado. Que sería de aquella mujer cuando
llegara la hora, que sería de su incansable sonrisa… Me especifico como y donde
se encontraba mi amigo y yo me apresuré al encuentro.
Cuando abrí la puerta de aquella habitación, no podía creer
lo que mis ojos veían. Tumbado en una cama grande, arropado hasta la frente.
Podía notar el temblor de mi amigo ante mi presencia. Su madre nos dejó a
solas.
-Lu..Lu..Lucas. Soy Axel. He venido a ver como te encuentras
Como era de esperar, no recibí respuesta. Insistí, pero en
vano. Intenté probar con una de mis especialidades, con una de nuestras
insignias preferidas, con el humor y le solté aquel chiste que tanta gracia nos
hacía.
-¿Cuál es el pez que te abre la puerta?-le pregunté yo. Ante
mi sorpresa, obtuve la respuesta. Una respuesta que me llegó hasta las entrañas
y más al verle reír.
Me
acerqué hacia aquella cama, Lucas quitó aquella manta que le tapaba entero.
Estaba delgado, muy delgado, lleno de pinchazos y conectado a unos aparatos
rarísimos. Me miró y en menos que cantaba un gallo nos envolvimos en un abrazo
que siempre recordaré. No era el momento de emocionarse y menos delante de él.
Sin tener que preguntarlo me contó su historia, lo que realmente pasaba y el tiempo que le quedaba en este mundo.
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Capítulo 6 de "No hay un verano como los nuestros" Construyendo un verano inolvidable...
CAPÍTULO 6
“Felices como perdices”
Pronto dejamos atrás la casa de Sandra. Durante el camino la conté
todo lo que había pensado. Nada más sonreía, me hubiera gustado que ella
aportara nuevas ideas, que tuviera la misma ilusión que yo en cambiar el verano
de nuestro amigo. Pero parece ser que aquella ilusión era invisible.
Sin darnos apenas cuenta, habíamos llegado a casa de Leonor. Sandra
se apresuró y llamó al timbre. La puerta de aquella casita se abrió
sigilosamente, detrás de ella se encontraba Leonor, que al vernos se emocionó y
vino corriendo a darnos dos besos y un abrazo. Leonor vivía en aquel pueblecito
durante todo el año, apenas salía de casa y si lo hacía la acompañaba Lucas.
Todos los años no cesaba de llorar cuando cada uno de nosotros volvíamos a
nuestros hogares. Para ella, el verano era algo más que una estación del año. Para
ella el verano era lo que daba sentido a su vida y así nos lo trasmitía. Leonor
perdió a su padre cuando era muy chiquita, su pobre la cuidaba como podía,
trabaja diariamente por sacar a su hija adelante y por garantizarla un futuro
mejor que el suyo. Admiraba a aquella chica, su bondad, su educación… Era la
muchacha que más sonreía y la que menos motivos tenía.
Poco duraron los momentos de alegría, el silencio volvió a
ser el dueño del tiempo.
-Leonor; Sandra y yo no hemos venido simplemente a
saludarte.-le dije yo.
-Axel tiene un plan. Yo le apoyo. Queremos que este verano
sea el mejor verano de nuestras vidas. Nuestra intención es que Lucas nunca
olvide su último verano ni su última puesta de sol, ni sus últimas risas.
Leonor comenzó a llorar e inmediatamente nos regaló otro de
sus múltiples abrazos. Oímos unos pasos
que se acercaban a nosotros, provenían de la casa de Leonor. Los tres nos dimos
la vuelta.
-Ni en la otra punta del mundo, mi hija hubiera conocido
mejores personas que vosotros. Ahora entiendo por qué Leonor no me para de
hablar de vosotros. Porque… sois geniales.-dijo entre lágrimas la madre de
Leonor.
-Gracias señora Álvarez. El placer es nuestro de haber
encontrado una chica tan buena como tu hija.
-Si necesitáis algo, y yo os puedo ayudar a preparar el mejor
verano de vuestras vidas. Contad conmigo. Entrad un momento adentro. Os tengo
preparados algo.
Con unas ganas enormes entramos en la casa de la madre de
Leonor. Nunca había entrado en aquel lugar. Era pequeñito pero encantador.
Aquella señora nos llevó hacia una sala blanca. Estaba vacía. Al poco tiempo,
la madre de Leonor nos trajo una hucha.
-Siempre he reservado esta sala, mi marido y yo antes del
accidente íbamos a pintarla juntos de mil colores. Siempre la he reservado para
aquel día. Creo que es el momento oportuno para que vosotros la llenéis de
color y la convirtáis en vuestro lugar de encuentro. Estoy segura de que el padre
de Leonor está orgullosísimo de poder cedérosla.
Y allí estaba yo, mirando como las palabras de aquella mujer
venían acompañadas de dulzura y ternura. Como su hija y Sandra no habían podido
contener la emoción tras aquel momento.
Me acerqué a ellas y les dije:
-Este es el primer paso hacia nuestro Verano. Porque ya
sabéis que ¡NO HAY UN VERANO COMO LOS NUESTROS!
Nuestra siguiente parada sería la casa de Úrsula. Comenzábamos
a ser felices, posiblemente como las perdices.
martes, 1 de septiembre de 2015
Capítulo 5 de "No hay un verano como los nuestros" DISFRUTARLE
CAPÍTULO 5
“¡Arriésgate!”
Sabía que no sería fácil, que conseguir devolverle a Lucas
su sonrisa, me costaría muchísimo. Pero entre todos podríamos lograrlo.
Llegué a la casa de Sandra, abrí la verja que conducía hacia
el frondoso y dulce patio. Aquel patio era como el de las películas. Verde, con
alguna que otra rosa, con piedras en las que se podía leer los nombres de los
familiares de Sandra. Era tan dulce, como aquella chica de la que años andaba
enamorado. Siempre la he evitado, por temor a no ser correspondido, por miedo a
equivocarme y destruir aquella amistad tan grande. Este verano, quería armarme
de valor y decirla todo lo que sentía desde que la conocí, desde que conocí su
sonrisa y su dulzura.
¡Arriésgate muchachín! No te quedes con las ganas. Me decía
mi abuelo
A él todo le parecía fácil, pero a mí, a mí decirla hola ya
era demasiado.
Subí las escaleras despacio, temblando. Llamé a la puerta
sigilosamente. No quería molestar a nadie. De repente, la puerta se abrió y en
un suspiro, apareció ella. Llevaba un vestido blanco atado con un precioso lazo
dorado. Conté tres y avancé, la dije que
estaba muy guapa, que aquel vestido la quedaba estupendo, ella me miró y solo
sonrió.
-Sandra he venido a buscarte para contarte que hemos de
hacer algo por Lucas. No podemos dejar que nuestro amigo viva sus últimos días
encerrado en una cama, sin contacto con el exterior. Tenemos que hacer de este
verano, el mejor verano de nuestras vidas.
-Querido Axel, ojala se pudiera hacer algo. Pero creo que es
demasiado tarde. Su corazón tarde o temprano va a dejar de funcionar.
-No puedo creer lo que dicen tus labios. Lucas se lo merece…
-Lo sé y lo siento Axel. No podemos hacer nada, nada más que
esperar a que el destino haga otra de las suyas.
- Sandra, no. Tú, yo y los demás tenemos que salir ahí fuera
y demostrarle a Lucas lo que nos importa. El amor que le tenemos. Dame la mano,
coge la bici y ven conmigo.
Me tomó la mano y en ese instante el silencio invadió mi
interior. Se me hizo imposible mirarla.
-Axel, contigo hasta el fin del mundo.
Nunca había tenido había rozado sus manos, eran tan suaves
que podrían envidiar a las nubes. Aquellas palabras se me clavaron como
anzuelos en el corazón, sin quererlo me sentía atada a ella, atada de un hilo
invisible, pero que podía notar solo con mirarla a los ojos. Simplemente eran
ilusiones mías.
-Sube a tu bicicleta y de camino a la casa de Leonor te
cuento todo lo que tengo pensado hacer, para que esto se convierta en el mejor
verano de tu vida, de la mía y de la de los demás. A la misma vez, a través de
aquel hilo invisible gritamos:
-¡NO HAY UN VERANO COMO LOS NUESTROS!
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