CAPÍTULO 8 “Una historia de las que no se cuentan”
Mi amigo se había propuesto sincerarse, abrirse de lleno.
Cogí fuerzas, la cara de Lucas me decía que lo que le vendría a continuación
era más grave de lo que yo predecía. No me equivoqué en nada.
-Como te habrán contado padezco un cáncer de hígado. Falso.
Eso es lo que dicen mis padres para que aumenten las esperanzas de encontrar un
donante. El órgano en mí que en vez de ir hacia adelante va hacia atrás, es mi
corazón. Un órgano que solo puede trasplantarse de una persona con vida. Una
persona que sea compatible conmigo, que lleve mi misma sangre. Te preguntarás
por qué mis padres no se han ofrecido, pues la posibilidad de que sean
compatibles es bastante alta.
Tras aquellas palabras un profundo escalofrío recorrió todo
mi cuerpo. Parecía que tras esa historia había algo oculto, un secreto que
nadie sabía y que Lucas había descubierto hace muy poco. Como una catarata, mi
compañero, mi gran amigo comenzó a llorar. Entre lágrimas y sollozos dijo que
sus padres no eran sus padres, que era adoptado. También confesó la indisponibilidad
de su madre de quedarse en cinta.
Pero aquella sorpresa no había hecho nada más que comenzar.
-Cuando el médico dijo que mis padres no eran compatibles ,
ellos me confesaron la verdad. Toda la verdad. Al principio me costó muchísimo asimilarlo,
pero luego lo piensas bien y te das cuenta que unos desconocidos, se han
desvivido por cuidarte día a día como si realmente fueras su hijo. Ellos para
mí siempre van a ser mis padres. Me duele mucho verles así, llorando todos los
días, yo soy lo único que tienen. El perderme a mí, significa perder todo por
lo que muchos años han luchado. Es una pena que esta desgracia se haya
apoderado de los corazones de ambos. Es un desgracia que vivo a tres bandos y
me cuesta mucho volver a sonreír. Mi padre lo intenta todos los días, yo cada
día le regalo una sonrisa, ambos sabemos que solamente es una sonrisa forzada,
pero te da fuerza interior necesaria en estos momentos. Axel según el médico solo
hay una persona compatible conmigo, mi hermano mellizo, pero ya sabes él tendrá
su vida y sinceramente no va a dármela a
mí. A un desconocido y, además encontrarle sería lo más difícil de todo.
¿Adoptado? ¿Hermano mellizo? Todo parecía sacado de una
novela de misterio, de suspense, de intriga… Pero aún quedaba más, la peor de
las partes.
-Si aquella noche hubiera obedecido a mi madre, si me hubiera
quedado en casa y no hubiera ido allí. Nada de esto habría sucedido.
-Lucas, no te entiendo, ¿a qué te refieres?
-A que estamos destinados , y que el destino es el sentido en
torno al cual gira la vida. Porque somos destino.
-Sigo sin entenderte.
-Era una noche de invierno, mi padre había preparado una
deliciosa tarta para el cumpleaños de Leonor, aquel día no había dejado de
nevar. Leonor y yo habíamos quedado en el parque de la esquina de enfrente a degustar
aquella tarta como todos los años hacíamos. Cuando abrí la puerta, observé que
todo estaba lleno de nieve, que pisar la calle sería como pisar una pista de
patinaje. Mi madre me advirtió de que no debía ir, que ya celebraríamos su cumpleaños
otro día. Pero sabía que aquel día para Leonor no era fácil y yo era el único
que podría hacerla olvidar el pasado. Así que cogí la tarta y me precipité
hacia el parque.
-¿Y qué paso después?
-Había mucha niebla, apenas se veían las luces de las
farolas. Nada más salir de casa, di tres pasos y de repente fui arrollado por
una furgoneta, aquellas luces de aquel
coche me deslumbraron, dejé de ver e imagino que el conductor no me vio. En ese
momento comenzó mi pesadilla. Cuando desperté, estaba en un hospital al lado de
mi madre y mi padre.
En ese momento, a Lucas se le acabaron las fuerzas. Se
desmayó. Corriendo fui a buscar a su madre. Me dijo que volviera a casa, que al
día siguiente fuera a ver a Lucas. Algo me decía que no iba a ver más días, que
todo estaba terminando. Que el final de esta historia estaba cerca. Necesitaba
respuestas, sabía que Lucas me ocultaba algo. Y seguramente si lo adivinaba, podría
salvarle.
Salí de la casa de mi amigo. No podía ser cierto lo que mis
ojos estaban viendo, no podía ser posible.
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