lunes, 17 de agosto de 2015

Capítulo 3 de "NO HAY UN VERANO COMO LOS NUESTROS"



CAPÍTULO 3
“Dejar marchitar las flores, fin de la primavera”
Cerré la ventana. No quería ver como aquella flor se marchitaba con la luz del sol. Momentos antes, entre lágrimas, mi abuelo me había contado una de las peores noticias que había oído en mi vida. Su voz temblorosa al narrarlo mostraba lo que mis oídos nunca hubieran querido oír. En ese momento, cogí la maleta, la llevé a la habitación y dejé a un lado mi fortaleza. Rompí a llorar como un obseso. Cerraba los ojos y no podía creerlo. La vida de Lucas se terminaba en cuestión de horas y yo no podía hacer nada al respecto
Mi cabeza no dejaba de pensar en él. Sin consultarlo con mi abuelo cogí aquella bicicleta de señorita de paseo  roja y me apresuré hacia la panadería. Necesitaba verle, necesitaba abrazarle, necesitaba decirle que no era su hora, que iba a hacer lo imposible porque se curase. Me engañaba en vano. Aquello solo tenía una solución, un donante. Una persona que estuviera dispuesta a sacrificar su vida por dársela a mi amigo. Pero no podía quedarme de brazos cruzados, debía hacer que el último verano de Lucas fuese inolvidable, que siempre nos recordara…
Me sequé los ojos. No iba a dejar por nada en el mundo que se acabara la primavera, solo por dejar marchitar las flores. Cogí aquella oxidada bici y cambié de dirección. La casa de Sandra sería mi primer objetivo. Llegaría allí, quizás estuviera con su prima, esa prima de la que tanto me ha hablado y la cual tenía muchas ganas de conocer pero no estaba muy seguro de que este año la trajera, pues sus padres eran un poco rectos a la hora del desorden y su prima era todo lo contrario. Una vez que llegará allí, la convencería para que hiciera lo que yo la propusiese, seguramente no habría problema. Los dos juntos iríamos a buscar a Leonor, la contaríamos mi plan y rápidamente iríamos a por Úrsula, que lo más probable es que ya hubiera llegado. Haríamos lo mismo con Úrsula y veloces como la luz visitaríamos la Panadería del señor Redondo. Iba a ser un plan perfecto… Pero todo se quedó en eso, en un intento. De camino a la casa de Leonor vi como la Ambulancia aparcaba en casa de Lucas. La sangre se me heló, los ojos se me empezaron a encharcar, solté la bici, me caí al suelo y comenzó a llover.

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