CAPÍTULO 3
“Dejar marchitar las flores, fin de la primavera”
Cerré la ventana. No quería ver como aquella flor se
marchitaba con la luz del sol. Momentos antes, entre lágrimas, mi abuelo me
había contado una de las peores noticias que había oído en mi vida. Su voz
temblorosa al narrarlo mostraba lo que mis oídos nunca hubieran querido oír. En
ese momento, cogí la maleta, la llevé a la habitación y dejé a un lado mi
fortaleza. Rompí a llorar como un obseso. Cerraba los ojos y no podía creerlo.
La vida de Lucas se terminaba en cuestión de horas y yo no podía hacer nada al
respecto
Mi cabeza no dejaba de pensar en
él. Sin consultarlo con mi abuelo cogí aquella bicicleta de señorita de paseo roja y me apresuré hacia la panadería.
Necesitaba verle, necesitaba abrazarle, necesitaba decirle que no era su hora,
que iba a hacer lo imposible porque se curase. Me engañaba en vano. Aquello
solo tenía una solución, un donante. Una persona que estuviera dispuesta a
sacrificar su vida por dársela a mi amigo. Pero no podía quedarme de brazos
cruzados, debía hacer que el último verano de Lucas fuese inolvidable, que
siempre nos recordara…
Me sequé los ojos. No iba a dejar por nada en el mundo que
se acabara la primavera, solo por dejar marchitar las flores. Cogí aquella
oxidada bici y cambié de dirección. La casa de Sandra sería mi primer objetivo.
Llegaría allí, quizás estuviera con su prima, esa prima de la que tanto me ha
hablado y la cual tenía muchas ganas de conocer pero no estaba muy seguro de
que este año la trajera, pues sus padres eran un poco rectos a la hora del
desorden y su prima era todo lo contrario. Una vez que llegará allí, la convencería
para que hiciera lo que yo la propusiese, seguramente no habría problema. Los
dos juntos iríamos a buscar a Leonor, la contaríamos mi plan y rápidamente
iríamos a por Úrsula, que lo más probable es que ya hubiera llegado. Haríamos
lo mismo con Úrsula y veloces como la luz visitaríamos la Panadería del señor
Redondo. Iba a ser un plan perfecto… Pero todo se quedó en eso, en un intento. De
camino a la casa de Leonor vi como la Ambulancia aparcaba en casa de Lucas. La
sangre se me heló, los ojos se me empezaron a encharcar, solté la bici, me caí
al suelo y comenzó a llover.
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