Axel
El viaje sería largo, pero estaba seguro de que merecería la
pena. De que llegar allí significaría todo por lo que he estado luchando día
tras día en esa pesadilla que llaman instituto. Volver a verles de nuevo,
volver a sentir sus bromas, sus risas, sus abrazos, sus horas de aburrimiento,
nuestras tonterías, lo mágico que es estar con ellos…
Solo me quedaban 3 horas para llegar, las tres horas más
largas seguramente de mi vida. Siempre lo han sido y siempre lo serán. Pero
todo tenía un fin, llegar a aquel lugar y disfrutar de este verano, porque No
Hay Un Verano Como Los Nuestros.
La música de Coldplay me hacía todo aquello más ameno, cada
sílaba de aquellas canciones me transmitía algo tan puro que dejaba
completamente de pensar. Me adentraba de lleno en sus palabras. Era como si por
un momento el tiempo se parara, como si la música me enseñase a pensar. Poquito
a poquito el cansancio se hizo con la fragilidad de mis párpados, cegando por
completo la luz que mis ojos captaban.
Sandra
Estaba convencida de que este verano iba a ser especial, que
traerme a mi prima Daniela al pueblo, acabaría con las horas muertas cuando no
estaba con ellos. Pero me equivoqué, ni este sería el mejor verano de mi vida,
ni podría compartirle con ellos.
Mi prima Daniela me daba ánimos diciéndome que todo volvería
a ser como antes, que solo era una pieza la que faltaba, que no por ello el puzle
iba a ocultar el azul del cielo. Duras y difíciles me parecían aquellas
palabras. Tenía confianza, quería hacerla caso, pero llevaba diez días en el
pueblo y no sabía nada de ninguno de ellos. Las tímidas risas de mis amigos no
llenaban las calles; su fortaleza y felicidad habían sido raptadas. El pueblo
ya no era el mismo.
Esta mañana fuimos Daniela y yo a comprar el pan a aquella
panadería que hacía el pan más rico que mi boca había probado. Nos encontramos
con los abuelos de Axel, que compraban unas dulces palmeras de chocolate. En
ese mismo momento, el silencio ocupo mi corazón, las lágrimas recorrían mi
blanca cara. Axel estaba de camino, su abuelo siempre le compraba su dulce
favorito el día en el que regresaba de su país. Axel, la persona con la que más
nos divertíamos. Seguro que tenía una ganas enormes de llegar, al igual que las
tenía yo. Pobrecillo cuando se entere de la noticia.
Mi prima Daniela se encargó de comprar el pan. Yo regresé a
la casa de mi abuela y me tumbé en la cama, esperando recibir noticias de la
llegada de Axel. Cerré los ojos y me quedé dormida
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