domingo, 9 de agosto de 2015

Primera Parte del Capítulo 1 de NO HAY UN VERANO COMO LOS NUESTROS



Axel
El viaje sería largo, pero estaba seguro de que merecería la pena. De que llegar allí significaría todo por lo que he estado luchando día tras día en esa pesadilla que llaman instituto. Volver a verles de nuevo, volver a sentir sus bromas, sus risas, sus abrazos, sus horas de aburrimiento, nuestras tonterías, lo mágico que es estar con ellos…
Solo me quedaban 3 horas para llegar, las tres horas más largas seguramente de mi vida. Siempre lo han sido y siempre lo serán. Pero todo tenía un fin, llegar a aquel lugar y disfrutar de este verano, porque No Hay Un Verano Como Los Nuestros.
La música de Coldplay me hacía todo aquello más ameno, cada sílaba de aquellas canciones me transmitía algo tan puro que dejaba completamente de pensar. Me adentraba de lleno en sus palabras. Era como si por un momento el tiempo se parara, como si la música me enseñase a pensar. Poquito a poquito el cansancio se hizo con la fragilidad de mis párpados, cegando por completo la luz que mis ojos captaban.
Sandra
Estaba convencida de que este verano iba a ser especial, que traerme a mi prima Daniela al pueblo, acabaría con las horas muertas cuando no estaba con ellos. Pero me equivoqué, ni este sería el mejor verano de mi vida, ni podría compartirle con ellos.
Mi prima Daniela me daba ánimos diciéndome que todo volvería a ser como antes, que solo era una pieza la que faltaba, que no por ello el puzle iba a ocultar el azul del cielo. Duras y difíciles me parecían aquellas palabras. Tenía confianza, quería hacerla caso, pero llevaba diez días en el pueblo y no sabía nada de ninguno de ellos. Las tímidas risas de mis amigos no llenaban las calles; su fortaleza y felicidad habían sido raptadas. El pueblo ya no era el mismo.
Esta mañana fuimos Daniela y yo a comprar el pan a aquella panadería que hacía el pan más rico que mi boca había probado. Nos encontramos con los abuelos de Axel, que compraban unas dulces palmeras de chocolate. En ese mismo momento, el silencio ocupo mi corazón, las lágrimas recorrían mi blanca cara. Axel estaba de camino, su abuelo siempre le compraba su dulce favorito el día en el que regresaba de su país. Axel, la persona con la que más nos divertíamos. Seguro que tenía una ganas enormes de llegar, al igual que las tenía yo. Pobrecillo cuando se entere de la noticia.
Mi prima Daniela se encargó de comprar el pan. Yo regresé a la casa de mi abuela y me tumbé en la cama, esperando recibir noticias de la llegada de Axel. Cerré los ojos y me quedé dormida

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