CAPÍTULO 6
“Felices como perdices”
Pronto dejamos atrás la casa de Sandra. Durante el camino la conté
todo lo que había pensado. Nada más sonreía, me hubiera gustado que ella
aportara nuevas ideas, que tuviera la misma ilusión que yo en cambiar el verano
de nuestro amigo. Pero parece ser que aquella ilusión era invisible.
Sin darnos apenas cuenta, habíamos llegado a casa de Leonor. Sandra
se apresuró y llamó al timbre. La puerta de aquella casita se abrió
sigilosamente, detrás de ella se encontraba Leonor, que al vernos se emocionó y
vino corriendo a darnos dos besos y un abrazo. Leonor vivía en aquel pueblecito
durante todo el año, apenas salía de casa y si lo hacía la acompañaba Lucas.
Todos los años no cesaba de llorar cuando cada uno de nosotros volvíamos a
nuestros hogares. Para ella, el verano era algo más que una estación del año. Para
ella el verano era lo que daba sentido a su vida y así nos lo trasmitía. Leonor
perdió a su padre cuando era muy chiquita, su pobre la cuidaba como podía,
trabaja diariamente por sacar a su hija adelante y por garantizarla un futuro
mejor que el suyo. Admiraba a aquella chica, su bondad, su educación… Era la
muchacha que más sonreía y la que menos motivos tenía.
Poco duraron los momentos de alegría, el silencio volvió a
ser el dueño del tiempo.
-Leonor; Sandra y yo no hemos venido simplemente a
saludarte.-le dije yo.
-Axel tiene un plan. Yo le apoyo. Queremos que este verano
sea el mejor verano de nuestras vidas. Nuestra intención es que Lucas nunca
olvide su último verano ni su última puesta de sol, ni sus últimas risas.
Leonor comenzó a llorar e inmediatamente nos regaló otro de
sus múltiples abrazos. Oímos unos pasos
que se acercaban a nosotros, provenían de la casa de Leonor. Los tres nos dimos
la vuelta.
-Ni en la otra punta del mundo, mi hija hubiera conocido
mejores personas que vosotros. Ahora entiendo por qué Leonor no me para de
hablar de vosotros. Porque… sois geniales.-dijo entre lágrimas la madre de
Leonor.
-Gracias señora Álvarez. El placer es nuestro de haber
encontrado una chica tan buena como tu hija.
-Si necesitáis algo, y yo os puedo ayudar a preparar el mejor
verano de vuestras vidas. Contad conmigo. Entrad un momento adentro. Os tengo
preparados algo.
Con unas ganas enormes entramos en la casa de la madre de
Leonor. Nunca había entrado en aquel lugar. Era pequeñito pero encantador.
Aquella señora nos llevó hacia una sala blanca. Estaba vacía. Al poco tiempo,
la madre de Leonor nos trajo una hucha.
-Siempre he reservado esta sala, mi marido y yo antes del
accidente íbamos a pintarla juntos de mil colores. Siempre la he reservado para
aquel día. Creo que es el momento oportuno para que vosotros la llenéis de
color y la convirtáis en vuestro lugar de encuentro. Estoy segura de que el padre
de Leonor está orgullosísimo de poder cedérosla.
Y allí estaba yo, mirando como las palabras de aquella mujer
venían acompañadas de dulzura y ternura. Como su hija y Sandra no habían podido
contener la emoción tras aquel momento.
Me acerqué a ellas y les dije:
-Este es el primer paso hacia nuestro Verano. Porque ya
sabéis que ¡NO HAY UN VERANO COMO LOS NUESTROS!
Nuestra siguiente parada sería la casa de Úrsula. Comenzábamos
a ser felices, posiblemente como las perdices.
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