jueves, 15 de septiembre de 2016

Prólogo "Imagina un verano sin sueños"



Sentado en aquel sofá, me entraron unas enormes ganas de leer, de adentrarme en una nueva aventura. Miré hacia los lados, mis ojos chocaron con aquella misteriosa estantería. Me levanté cuidadosamente, pensé tres veces si estaba haciendo lo correcto. Llegué hacia a ella, me miré en aquel cristal en el que el tiempo no había dejado de pasar. Mis pensamientos evocaron hacia atrás. Recordé que mi abuela me tenía prohibido abrir aquel estante. Un libro muy antiguo me llamó la atención, le cogí con mucho cuidado e intenté dejar todo intacto para que mis abuelos no se dieran cuenta de lo que acababa de hacer. Desplacé sigilosamente los cristales y continúe mi camino hacia aquella mecedora que parecía esperarme desde hace mucho tiempo.
Por el camino, aquel libro se abrió. El suelo ahora se había pintado de un color antiguo. Decenas de papeles se habían escapado de aquel misterioso ejemplar. Doblé mis rodillas, tenía que recoger una a una las hojas, antes de que la abuela viniera de hacer la compra y me echará una bronca de mil demonios.
Mis ojos chocaron con aquellos impresos, como si en ellos las palabras fuesen aún más importantes. Pero cuál fue mi sorpresa, al descubrir que lo que hace apenas unos segundos parecía ser un ejemplar de misterio y terror, se había convertido en infinidad de cartas y fotografías del pasado.
Una vez reunidas todas, me senté en aquella mecedora e intenté ordenar cada una de aquellas cartas siguiendo su orden cronológico. Tímidamente me dispuse a mirar las fotografías. Sí, en ellas estaba mi abuelo, pero la mujer que le acompañaba, no era mi abuela.

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